DE LA ESCOLASTICA ECONOMICA A LA OLIGARQUÍA
El valioso aporte del lector: Lic. Leandro Coronel
A partir de la crisis económica más importante de la década, quedó evidenciado en todo el mundo, que en el mismo corazón de la teoría liberal de la economía estaba presente su propia contradicción. Pues en el seno mismo de su aplicación, la “Mano Invisible” que regula las actividades del Mercado, se producía el quiebre o evidencia al fin, de las bondades de la supuesta ley de Oferta y Demanda impuesta por quienes poseen el dominio. Pero, lo peor aceptado ciegamente sin mayor análisis de lo que se evidencia como una tautología.
Es, en ese análisis, donde creo que debemos inscribir el pensamiento escolástico de la economía, en el que el pensamiento único del librecambio es reproducido permanentemente. Alguno se preguntará -¿Qué tiene que ver Aristóteles? Demasiado para mi gusto. ¿O acaso la “Mano Invisible” mencionada por Adam Smith no es la causa eficiente (también aristotélica) y resultado de la aplicación de sus silogismos?
Pero debemos convenir que la economía, no es una cosa difusa, apólítica, inentendible o aséptica o que esté fuera del alcance de la mayoría, pero es el instrumento de nuevos sacerdotes, que como tales intentan mantenernos a raya predicando las bondades de la economía de mercado.
Estamos asistiendo a nuevas formas de pensar la política y la economía. Por caso, lo que hasta ayer era la meca de muchos argentinos deseosos de mejorar económicamente como España, hoy la vemos con un 20% de pobres, equivalente a 10 millones de habitantes. O Irlanda, con quienes los más ardientes defensores del la aplicación de políticas liberales se regodeaban, tomándolos como ejemplo a seguir, no queriendo reconocer que la economía debe aplicarse con un criterio estructuralista de acuerdo a las necesidades de cada país. Lejos quedaron los días en que el Fondo Monetario Internacional, por las buenas, decía lo que debía hacerse. O por las malas imponerlo con la ayuda de los militares. Así los argentinos hemos padecido desde los años setenta, la desindustrialización que tuvo su pico culminante en la década de los noventa.
Por suerte, una nueva corriente de pensamiento económico va haciéndose lugar y entendiendo que con la rebaja de salarios y congelamiento de jubilaciones y un mal entendido equilibrio fiscal no habrá crecimiento económico y menos aún desarrollo.
El ejemplo lo tenemos a mano. Con todas las dificultades conocidas, la República Argentina durante la permanencia de lo peor de la crisis internacional, no cayó a los niveles que supimos tener, por ejemplo en los años 2001 y 2002. Por su parte, Bolivia, considerada por alguno como la Cenicienta de Sudamérica, creció un 3 % en este período, siendo el país de la región que más lo hizo, ambos casos a contrapelo de lo que algunos ortodoxos de la economía pregonaban de “enfriar” la economía hasta pasar la crisis.
Por estos días, el discurso oficial de los medios de difusión hegemónicos y de la oposición política es una inflación del 20%. Lejos de pretender que se concrete este porcentaje para dar razón a nuestro pensamiento de crecimiento “en caliente”, debemos recordar que hay países que crecieron con una economía en caliente. Uno de ellos es Brasil, que hizo los ajustes para que eso sucediera. Alguno dirá que con el tipo de cambio, no le está yendo muy bien pues el saldo de su balanza comercial, está disminuyendo. Pues nuestro vecino está desarrollando una política que le permite disminuir la conflictividad social y manteniendo algunos niveles en la redistribución de la riqueza. Derrame que una economía ultraliberal nunca permitiría.
Es en la última crisis donde el Estado tuvo una presencia preponderante. Es que la economía es demasiado importante para que se la deje en manos de los “técnicos”, que ya se sabe lo que hubieran hecho. Es en la política y la participación de los sectores populares donde se deben encontrar las respuestas, porque el pensamiento aristotélico, además expresa que la democracia será superada por una nueva forma de organización social y política. La oligarquía.



